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Tag : Dr. Atl

Janine Hidalgo

Gerardo Murillo, Dr. Atl en movimiento

 

Hace 5 meses conocí a Silvia Sánchez Montero, nieta de Tomás Montero Torres, reconocido fotógrafo mexicano en los años 50. Silvia y su familia se hacen cargo de todo lo relacionado al archivo fotográfico de Tomás, asegurando así que la herencia artística que dejó lo mantenga con vida de muchas maneras. 

El hombre en la imagen es el Dr. Atl (agua en náhuatl), vulcanólogo, yerbero, astrólogo, revolucionario y hechicero de Guadalajara, México. El Dr. Atl estudió filosofía en Roma y Derecho en París. En 1907 regresó a México para involucrarse en algunos de los más importantes movimientos intelectuales de la época, que ayudarían al surgimiento de la Revolución Mexicana. 

En vísperas revolucionarias, el Dr. Atl se convirtió en uno de los aliados de Venustiano Carranza, volviéndose una pieza potencial política. 

Como pintor, Atl comienza su carrera en 1920, influenciado principalmente por Nahui Olin, quien más tarde intentaría asesinarlo mientras dormía, resultado de una tormentosa relación. El Dr. Atl muere en 1964 debido a causas respiratorias ocasionadas por las emisiones de los volcanes. 

La primera vez que vi esta foto quedé cautivada por la composición y la manera en la que las luces y los colores convierten al Dr. Atl en casi un personaje de algún cuento sacado de un sueño. Pregunté a Silvia si me permitría trabajar con dicha foto. Ella y su familia accedieron e inmediatamente sometí la imagen a cirugía en Photoshop, para dividirla en capas y posteriormente darle un efecto 3D en After Effects. Por último, agregué un sutil humo para darle vida a la pipa de Atl. 

Gracias familia Montero por la confianza. Quedo contenta de haber trabajado en tan magnífica fotografía. 

(*) Janine Hidalgo es fotógrafa y actualmente colabora en la Fundación Elena Poniatowska. Entre otras virtudes, se especializa en este tipo de intervenciones digitales. Si quieren ver más de su trabajo pueden buscarla en Instagram como @Hidalgo_Janine

El día que la tierra parió un volcán

Pocas veces la naturaleza deja mirar sus prodigios con tal majestuosidad y sin daños humanos que lamentar, como cuando surgió de las entrañas de la tierra el volcán más joven del mundo, michoacano para más seña, el 20 de febrero de 1943, hace justamente 69 años. Dionisio Pulido, el paisano que tuvo la fortuna de percatarse del extraordinario acto de parir de la tierra, no saldría de su asombro ya nunca, y menos los 9 años, 11 días y 10 horas que permaneció en actividad constante el ya llamado Paricutín, para no dejar duda en nadie de su naturaleza pasional e incendiaria.

Lo que inició en la granja de Dionisio y de Paula, su esposa, apenas como una grieta en el suelo no mayor a 50 centímetros de largo, en pocos segundos se transformaría en una hinchazón de tierra de cuyo boquete comenzó a brotar fina ceniza, un persistente olor azufrado y el bramar profundo del planeta. El héroe local -cuyo nombre y apellido pasaron a la historia a la par del volcán- dio oportuno aviso a las autoridades del Ayuntamiento de Parangaricutiro, lo que permitió evacuar con rapidez a todos los habitantes.

El mar de lava y rocas alcanzaría 10 km. a su alrededor, cubriendo las poblaciones de Paricutín y Parangaricutiro, y de ésta última sólo llegaría a sobrevivir la torre de la Iglesia…

Ubicado en las coordenadas 19º29’34.8″N102º15’3.6″O y con una altitud de 424m., el Paricutín trastocaría el paisaje de la meseta purépecha para siempre, adquiriendo la afamada distinción de “maravilla natural del mundo”.

 

Tomás Montero Torres fue por partida doble a presenciar tal acontecimiento, como michoacano y como reportero gráfico, y lo hizo más de una vez, como quien se sabe ante la presencia de un milagro.

Lo que no sabía es que a veces los milagros se suscitan en pares y que a él le tocaría acompañar al mismísimo “Volcánico señor del volcán” -como nombrarían en su reportaje a Gerardo Murillo- a una exploración concienzuda por los alrededores de esta aparición de magma, lava y gases, y que más tarde se determinaría su tipo como “Stromboliano”, al adquirir una forma cónica por sus capas de lava fluida y materiales sólidos…

De esto sabía mucho quien era y es más conocido como Dr. Atl, ya que entre sus variados saberes destacaba la vulcanología. Ya con muletas, iría a esta exploración con una cámara Contax al hombro, una pipa de la que a ratos parecía brotar la fumarola del naciente volcán, y un proyecto claro en el que trabajaría por largo tiempo: dar cuenta con su singular destreza de “Cómo nace y crece un volcán”.

En este peculiar aniversario, celebremos esos instantes de vida irrepetibles…