La Tarahumara: una deuda de más de 60 años

El 13 de junio de 1953, el fotorreportero Tomás Montero Torres y el cronista Ignacio Mendoza Rivera partieron de la Ciudad de México, en un avión DC-3 de la empresa LAMSA, rumbo a Chihuahua, como primer escala para su destino final: la Sierra Tarahumara. Enviados por el semanario ilustrado Mañana, lograrían un muy extenso reportaje que se publicaría a lo largo de 10 números continuos de la publicación, bajo los esclarecedores títulos de “En la ruta de las llanuras abandonadas”, “Hambre, sed y enfermedades en la Tarahumara”, “Misión de Sisoguichi: donde renace una raza”, “Ropiri Brama: el pescador de almas”, “Siquirichi: una obra de salvación en desamparo”, “El saqueo de Ganochi”, “Rarámuri: el indio de los pies alados”, “La superstición: ruina de la raza india”, Prudencia y bondad: virtudes que gobiernan a la raza Tarahumara”, “Huída a las montañas” y “Rostros tarahumaras”.

Dirigido por Daniel Morales y contando -entre muchos- con colaboradores de la talla de los Hermanos Mayo y Arno Brehme en la imagen, y Salvador Novo, Jaime Torres Bodet y Carlos Septién García en la escritura, el semanario Mañana hacía honor a su activa participación en la llamada “época de oro de las revistas ilustradas en México”, otorgando créditos con igual importancia a Mendoza Rivera y a Montero Torres, e incluyendo en su muy detallada “misión periodística” una cantidad profusa de fotografías. Ya desde el principio, dos señalamientos cruentos; el primero como pie de imagen: “La tierra norteña, anémica, agoniza por la sed prolongada en cinco años y niega sus frutos a los hombres y a los animales. La vida sucumbe y por todo el camino se repite este cuadro aterrador: el caballo muerto y el zopilote listo a devorar la carroña”; el segundo como parte de un recuadro introductorio: “Ignacio Mendoza Rivera, redactor de Mañana, y Tomás Montero Torres, fotógrafo, recorrieron más de mil kilómetros en el curso de su exahustiva jornada. Primero contemplaron el panorama de la tierra mexicana que se muere lentamente por falta de agua. Después, en la entraña misma de la tierra del indio rarámuri, fueron testigo de las flagelaciones que sufren los tarahumaras a consecuencia del hambre y de las injusticias de los blancos”.

Los dos comisionados por la publicación hicieron 17 horas de Chihuahua a Creel -su primer parada- a bordo del ferrocarril Kansas City México y Oriente. Ya desde ese momento sus ojos se impactaron con el suelo erosionado que se prolongaría a lo largo de toda la Sierra Tarahumara que, “como otros lugares de Chihuahua, fue un emporio de riqueza, pero la sequía y la voracidad de algunos terratenientes se confabularon hasta arruinarla”.

“Por este tramo pasaba un río, ahora solamente queda la ruina de la tierra. ¿Acaso será posible que el hombre permanezca en este inhóspito suelo? ¡No! se diría. Sin embargo, muchos seres viven aferrados a él”.

Las siguientes paradas de estos nómadas de la información serían: Bocoyna, Sisoguichic, Cerocahui, Batopilas, Chinatú o Guadalupe y Calvo, entre otros, a los que llegarían tras jornadas de varias horas en camioneta, a lomo de mula o caballo, e incluso a pie. “Cerca de 120 mil almas, adheridas a las peñas y a los escabrosos planos de la Sierra Tarahumara son, en la actualidad, víctimas indefensas del hambre y la sed. Los indios tarahumaras sufren de la carencia de alimentos, particularmente, porque han sido flagelados por el azote de una sequía prolongada en cinco años que les ha arrebatado los exiguos productos de su tierra, paupérrima y degenerada. Además, el terrible azote de la carencia de agua no sólo ha calcinado los suelos de los indios rarámuris sino que, como plaga incontenible, aniquila lenta y pavorosamente las pocas cabezas de ganado que tienen para su manutención. De esta manera y en estas desastrosas condiciones, la voz trágica de los tarahumaras se vuelve un lastimoso eco que recorre todo el ámbito de la sierra y de las principales ciudades del estado de Chihuahua, pidiendo limosna”.

¡Korima! -escucharon Ignacio Mendoza y Tomás Montero más de una vez, mientras algún rarámuri se les acercaba con la palma extendida solicitando ayuda-; y a lo largo de los días que convivieron con esta región y sus nobles habitantes también llegaron a padecer hambre y sed.

“La tierra paupérrima de la Sierra Tarahumara es irónica. Se abre al impulso del surco, pero cuando los hombres quieren recoger el fruto de su trabajo les niega, definitivamente, la más mínima planta”.

Además de dejar registro, con sus palabras e imágenes, del hambre y el abandono, los enviados de Mañana se darían tiempo para conocer y testimoniar otros hechos, como el saqueo de la Cueva de Ganochi -lugar de gigantes-; caverna de unos 12 metros de profundidad y en cuyas entrañas “se esconde una parte del pasado de la raza tarahumara. Los restos de los antiguos moradores de la sierra permanecen ocultos, conservándose de esta manera el secreto de las antiguas costumbres rarámuris que determinaron la manera de ser de los actuales habitantes de la Tarahumara. Sin embargo, la voracidad de algunos aventureros procedentes de países extraños, ha roto en algo el enigma de la tumba india. Decenas de momias que descansaban en el silencio del sepulcro han sido sacadas irrespetuosa e ilícitamente; según versiones de los guías fueron llevadas al Museo de Chicago”.

“…el guía tarahumara no dejó de mostrar tristeza ante estos restos…”

En las páginas amarillentas y gastadas del semanario de los años cincuenta, queda también una visión prejuiciosa hacia las costumbres de los rarámuris: “…el indio de la planta corredora va dejando tristemente su precaria existencia en el cúmulo de supercherías perniciosas que, como lastre, le heredaron sus antepasados”. Lo que hoy causa respeto y se admira como parte de una cosmogonía de fuerte raíz espiritual, se percibía en aquel entonces como “una esclavitud espiritual casi indestructible”.

Y aún así, puede percibirse que Ignacio Mendoza Rivera y Tomás Montero Torres permitieron que sus propios espíritus se cimbraran en el convivio cercano con los rarámuris, y se dejaron tocar por la fuerza de los sukuruames -hechiceros- y admiraron la alta dignidad del siriame -quien posee el don de la elocuencia-. Presenciaron con admiración a las corredoras rarámuris, “que como estrellas fugaces cruzan el desierto”, y admiraron la notable resistencia de los hombres que, de requerirse, pueden recorrer “hasta 100 kilómetros sin descanso”.

Entre el primer reportaje publicado y el último, dedicado a los “Rostros Tarahumaras”, se percibe que los corresponsales de Mañana se dejaron trastocar los corazones. Las descripciones visuales y textuales contemplan a los rarámuris con mayor intimidad y gozo: “Los ojos de la mujer tarahumara son tiernos, brillantes. A veces almendrados y en ocasiones perfectamente circulares. Muchos hay que son grandes, negrísimos; otros muy pequeños, como gotitas de agua. Los ojos siempre están brillantes, como estimulados por una fuerza invisible que transmite ese brillo a los dientes parejos y sólidos. La vida palpita en sus pómulos carnosos y la dignidad brilla en su frente, que es como media luna en menguante. Las orejas son delgadas, grandes, y en todo el conjunto facial de la india joven vibra la inquietud sexual de su edad, pues es atractiva y propicia a humanos deseos” / “En el broncíneo fulgor de la cara de los adolescentes tarahumaras late la inocencia. Sus ojos, de características aún indefinidas, miran con una confianza inaudita. Su sonrisa es blanca, como blanca es su alma. Tienen el cabello negro y apenas si pinta sus cejas un bello disparejo y brusco”.

“El rostro indio es un reflejo de lo que acontece en su alma. En todas las líneas de su cara se intensifica el sístole diástole de su corazón y en el brillo de sus ojos se manifiestan uno a uno los sentimientos que bullen en su interior. La cara del indio tarahumara es una prolongación de vibraciones. Sugerente y firme relata todo lo que acontece al numeroso pueblo rarámuri en su paupérrima existencia por los caminos de la Sierra Tarahumara, que esconde en sus entrañas el pasado, el presente y el futuro de los indios de la planta corredora”.

Quien iba a decir que esta última frase, que cierra el largo reportaje de diez entregas, iba a ser premonitoria de la situación de los tarahumaras más de 60 años después, en este 2012 de un siglo diferente; y que la sed y el hambre iban a prevalecer como una triste constante de esta línea de tiempo entre aquellos instantes registrados textual y fotográficamente para la posteridad y hoy. Releyendo lo escrito por Ignacio Mendoza y viendo las imágenes legadas por Tomás Montero Torres, volvemos a cimbrarnos; más aún, sabiendo que su realidad paupérrima y de abusos no ha logrado transformarse. Nuestra deuda con ellos es honda, no hay duda.

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19 respuestas a La Tarahumara: una deuda de más de 60 años

  1. José Antonio Aspiros Villagómez dice:

    Extraordinaria oportunidad periodística la de ustedes al divulgar ahora este antiguo reportaje sobre esos compatriotas (sería demagógico llamarlos “hermanos” aunque así lo sintamos) permanentemente en desgracia. Felicitaciones nuevamente, Silvia y Martha; reenviaré la información a mis contactos, con mis recuerdos para los maestros Montero y Septién García.

    • oscar martinez espinosa dice:

      Sr. Aspiros. Me alegra que sus letras sigan vivas. Un saludo fraterno de tu servidor y Margarita Espinosa.

  2. Georgina Montelongo Lezama dice:

    Felicito mucho a los maestros Tomás Montero Torres e Ignacio Mendoza Rivera, autores de este fotoreportaje tan objetivo y completo, que nos muestra a gran riqueza espiritual de este pueblo tan golpeado, que se levanta una y otra vez no para pedir limosna, sino para demandar la dignidad a la que tienen derecho como mexicanos. Imágenes impactantes de tiempo atrás que no difieren mucho de las actuales. Este México actual tiene que reconocer que a pesar de su estatura, sigue en deuda con muchos de sus hijos.

  3. Sonia Gonzalez dice:

    Que tal las fotos de entonces? No han cambiado mucho q digamos, les debemos mucho de verdad :(

  4. Claudia dice:

    Desconocia esta dura realidad de la poblacion tarahumara(no soy mexicana ) hasta que recientemente fue difundida en medios de comunicacion aunque me parecia que el enfoque de ayuda esta lejos de ser el adecuado porque van a atender la necesidad del momento y no el problema d fondo o para tomarse la foto el politico de turno . este genial articulo le ha dado cara al problema y nos muestra q es un problema muy antiguo nadie atiende buenisimas fotos felicidades

    • José Antonio Aspiros Villagómez dice:

      Apoyo totalmente la propuesta de mi tocayo Vadillo Roca. Ojalá que nos compartan algo de la memoria gráfica del valioso trabajo que están realizando.

  5. José Antonio Vadillo Roca dice:

    El trabajo que están realizando con la recopilación de fotos de Tomas Montero, es muy interesante, nos muestra otra perspectiva del pasado de nuestro país y de nuestra gente, pero me gustaría un apartado con fotos de la labor que están realizando, los procesos de recuperación, edición de las fotos, y la gente que esta detrás de todo esto.
    Muchas felicidades es una gran trabajo.

  6. El desastre de la Tarahumara esta compuesta por multitud de factores, e incluso en el artículo se menciona un interesante reportaje gráfico sobre como la superstición de los Tarahumaras los ha venido jodiendo también. Esto no es nuevo, prácticamente esto lleva desde siempre. Los “Chabochis” como llaman a los blancos o a los mestizos les han jodido la vida en muchos aspecto, pero es indudable que ellos NO SON niños, y su propia experiencia debería haberlos llevado a intentar cambiar, y si no asimilarse, al menos aceptar que están en un país donde ellos están integrados les guste o no. Un ejemplo me lo daba una amiga mía que da clases a los Raramuris que van a la universidad. Sus padres los obligan a vestirse con ropa raramuri y ellos están conviviendo con gente que se viste de otra manera, así que ellos también quieren vestirse como la mayoría. Las culturas cambian, nada va a permanecer, es cierto que se tienen muchas culpas que saldar con ellos, pero ellos como pueblo, también tienen que abrirse. Si no, ahí tenemos como ejemplo a los menonitas, que dentro de su misma cultura, han sabido adaptarse y ser parte de un algo más grande. No porque los rarámuris sean indios son “pobrecitos”. Ellos pueden, pero se tienen que poner las pilas

  7. Excelente reportaje, así es nada ha cambiado, las fotos dicen todo. Con su permiso si puedo publicarlo en la revista semanal ConTaxco, dándoles los créditos a los autores. Me avisan y saldrá en la siguiente publicándose en la página Web de la revista.

  8. Dolores García dice:

    Felicidades por este fotoreportaje, son hermosas las imagenes en cuanto a la forma en que retratan la realidad de los tarahumaras, los rostros tan expresivos, tan tristes en ocasiones y que tristeza, como ustedes lo mencionan, que estemos en otro siglo y sus condiciones sigan siendo las mismas. Felicidades Silvia y Martha por la oportunidad de hacernos ver que en México, desgraciadamente, seguimos sin avanzar.

  9. Yukie Tachika dice:

    Ante un problema tan complejo, sin duda no hay soluciones fáciles. Comparto la idea de que tenemos una deuda con las etnias que forjan naciones, pero la pregunta es… ¿Dándoles todo se soluciona el problema?
    Muchas gracias por las imágenes que presentan. Realmente “mueven cosas dentro de uno”.

  10. Guadalupe Mora dice:

    Felicitaciones, nos dan una perspectiva mas amplia de loque es la problematica de la sierra Tarahumara. Excelente fotoreportage
    felicidades! y Gracias!!

  11. Pingback: MOSAICO, 23-II-012. MOSAICO, 16-II-012. MOSAICO, 9-II-012. MOSAICO, 2-II-012. MOSAICO, 25-I-012 « Mi ombligo del mundo

  12. Diana granados dice:

    gracias por compartir este bello archivo historico

  13. Rosario Ordóñez dice:

    Excelente trabajo, me pregunto si dejarían usar dos fotografías para un trabajo de investigación que estoy realizando. Saludos

  14. claudia mendoza carrillo dice:

    Mi padre Igancio Mendoza Rivera, fue el cronista de este importante y para mi bello reportaje, y quiero decir, que debido a este reportaje mi padre fue galardonado por el premio nacional de periodismo en 1953. Orgullosa estoy pero triste a la vez pues mi padre fallecio el 23 de noviemdre del 2012, y el simpre quizo que este porblema hubiera estado resuelto, pero en fin. quisiera escribir más pero la tristeza me atañe y solo me resta decir que gracias papá por este legado.

  15. Sandra Karina Castañeda dice:

    Muy realista hasta la fecha,… pasamos por la vida y no podemos ver todavia nada de lo que se encuentra a nuestro lado, se va muriendo y tambien se daja morir… Comento que el día 23 de Noviembre del 2012 a las 18:30 Hrs Falleció el periodista Don Ignacio Mendoza Rivera, en completa soledad que fue lo que lo fue alejando de esta vida terrenal, En Paz Descanse en toda esta eternidad….

  16. leopoldo Carvajal Chavez dice:

    Estoy efectuando un trabajo sobre el paisaje rural de chihuahua y me gustaria poder insertar algunas de sus imagenes en el capitulo que he denominado “el hombre y la tierra” por favor contestenme si puedo usar sus fotos

    • Administrador TMT dice:

      Estimado Leopoldo Carvajal Chávez:
      Hemos leído hoy el comentario que tuvo a bien poner en nuestro blog.
      El Archivo Tomás Montero Torres es privado y financia sus actividades con la venta de las fotografías. Si le interesa favor de ponerse en contacto con nosotras al correo archivotomasmontero@gmail.com.
      Saludos cordiales hasta Chihuahua !

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